jueves, 5 de octubre de 2017

Acantilados y calas de Benitatxel

Aprovechando las fiestas de nuestro pueblo hicimos una breve escapada a Alicante. La razón principal era la visita a nuestro pueblo hermanado de Aspe. Pero como a verdadera debilidad de los que vivimos en el interior de la península es la costa, decidimos visitarla un poco antes.

Tras preguntar a nuestros hermanos alicantinos y escuchar diversas recomendaciones, decidimos viajar hasta la costa alicantina, muy cerquita el cabo de la Nao (la nariz de España). Con la furgo haríamos noche en la escondida cala Moraig que pertenece al termino municipal de El Poble Nou de Benitatxel.

Este enclave se sitúa a los pies de la megalómana urbanización La Cumbre del Sol. Al llegar por la noche no fuimos conscientes de la aberración de esta urbanización en tan peculiar enclave natural.

La noche fue tranquila y despertamos con la salida del sol. La furgo bien ubicada a tan solo un par de metros de la costa nos permitió disfrutar de un precioso amanecer acompañado de un hipnotizante olor a café.

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Los rayos del sol nos permiten por primera vez divisar la belleza del enclave. La playa de la cala Moraig a nuestra izquierda cede la visión a una especie de pared que es la falla Moraig y de la cual observaremos su monumentalidad más avanzado el día.

Tras el desayuno, y cambiar la furgo al parking, nos pusimos las botas de patear e iniciamos nuestro recorrido de hoy. Antes de ponernos en el lugar de inicio debemos visitar la Cueva de los Arcos, de muy fácil acceso. Tiene este nombre por que está formada por tres arcos, dos de ellos abiertos al mar y que merece la pena visitar.

Un poco más arriba, ascendiendo por la carretera del 23% que da acceso a la playa donde nos ubicamos, sale un corto sendero que nos dirige a la impresionante falla de Moraig, más de 100m de pared vertical que cae directo al mar. Impresionante la imagen que nos regala este peculiar aparatdo de la costa alicantina. Al otro lado de la cala, en su cara norte, podemos imaginar otra pared que que pertenece a la misma falla que creó esta cala.


Abandonando el sendero y volviendo sobre nuestros pasos, regresamos a la carretera del 23% hasta ascenderla por completo e iniciar el verdadero recorrido de hoy.

El sendero de los ancantilados, es de tan solo 3km, por un camino que se estrecha a medida que avanzamos y que nos dirigirá a otra cala escondida, la de Llebeig, usada antiguamente por contrabandistas y donde existe un pequeño caserío.

En el camino nos encotraremos tres cuevas de pescadores y un paso por un pequeño túnel que ha formado un derumbamiento.

Las vistas son sepectaculares mires por donde mires. Incluso el acantilado se vuelve voladizo a modo de techo. La ladera que cae a la izquierda de nuestro recorrido tiene pendiente, pero no es tan expuesto como para ser peligroso.

A medida que nos acercamos a la cala Llebeig la vegetación aumenta y nos agrada con una sombra que agradecemos.

El primer contacto visual con la cala nos obliga a descender bruscamente hasta nivel del mar.

Un pequeño descanso para retomar el aliento y relajarnos con el mar.

Ahora quedan dos opciones, desandar el camino o introducirnos por el Barranco de la Viuda que es el culpable de esta cala. Decidimos adentrarnos por el mismo trazado del propio barranco. Que gana vegetación y cambia por completo el paisaje.

SI seguimos las indicaciones llegaremos a Puerto de Moraira, pero nos desviamos a la derecha para salir hacia la urbanización de La CUmbre del Sol.

Un largo ascenso y otro tanto descenso por las asfaltadas calles nos hacen ganar tiempo pero perder la belleza natural, aunque no arquitectónica.

Llegaremos al punto de partida donde aun tenemos dos opciones más de visita. Los miradores de las calas Moraig y Testos; y el descenso del Barranco del Infierno.

Visitaremos los dos miradores partiendo desde un camino que sale una pequeña explanada, un corto paseo adecentado para cualquier persona.

A la vuelta, regresamos a la misma explanada desde donde sale la senda del Barranco del Infierno. Un trazado corto pero abrupto, expuesto a desprendimientos y que traza el camino por el propio barranco, por tanto con un piso muy irregular.

Cuando obtenemos contacto visual con la cala de Testos aparece el primero de los tres destrepes que son obligados a realizar con la ayuda de una cuerda si queremos llegar hasta la playa. El primero es el más sencillo, ganando dificultad a cada paso, siendo el tercero el más largo y con más volado.

Oye a tu confianza y sentido común. Si no te vez capacitado no te obligues a bajar. Las vistas desde el primer destrepe también merece la pena.

Si decides continuar te encotraras con una cala nudista de bolos. Disfrutala si puedes. Si no, tiene un paso a la derecha que bordea el acantilado. Este sí que es ahora expuesto y debemos extremar la precaución. Encotraremos una pequeña cueva y un poco más alante una plataforma que se adentra en el mar.

Tocaba dar media vuelta y subir por las cuerdas hasta el barranco y desandar los pasos hasta la carretera del 23% para buscar el chiringuito donde recuperar fuerzas y líquidos para esta completa mañana.

El traslado a la cala el charco de Villajoyosa se vio truncada en el paso por Benidorm donde una visita a amigos y familiares modificó el plan de ruta.

Al día siguiente sí se visitó dicho lugar, playa adecentada para perros y que no acompaña mucho al baño de sus dueños.

Finalmente desconectaríamos la costa para adentrarnos en el interior donde nuestro hermanos aspenses nos recibieron con calor y alegría haciendonos sentir como en casa.

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De su carrera de mtb, mejor no hablar, solo decir que 33km con 800m de desnivel y un 90% de senderos sorpredieron muy gratamente a toda la expedición torrijeña que allí nos congregamos.



lunes, 18 de septiembre de 2017

Suiza y Croacia

Cuando aún estando en Navidad te planteas ya las vacaciones de verano, eso indica la ilusión que tienes por viajar. El problema surge cuando una parte de la pareja propone montaña y la otra parte playa.

Pero como buena decisión salomónica, el resultado fue dividir el viaje en dos; una primera a la montaña y la segunda a la playa. Así pues se gestaron Suiza y Croacia.

Una vacaciones intensas, exprimidas al máximo para recorrer todos los rincones posibles, todas las ciudades posibles. Por delante aún había medio año para dejar todo organizado. Este fue el resultado.

Vuelo desde Madrid a Milán (situado a 120km de la frontera suiza, nos ahorraría precios en vuelos y coche de alquiler).

En tierras italianas arribamos a media mañana y allí mismo recogemos el un coqueto Smart con la empresa Magiore. Espacio suficiente para nosotros dos y las dos maletas de mano.

Destino Domodossola, sería la última ciudad italiana antes de acceder a la frontera suiza de Gondo, donde debemos comprar la pegatina que nos permita conducir por las carreteras suizas.

El paso de Simplon nos da la bienvenida mostrándonos la majestuosidad de los alpes suizos. El descenso hasta Brig nos demuestra que, "esto es Suiza".

Nuestro destino era la pequeña población de Rarón, en el valle de Valais. Allí, en un bonito y recién creado apartamento pasaríamos nuestras tres primeras noches. Nos costó encontrarlo, pero mereció la pena. Dueño muy atento que nos regaló un vino de su propia cosecha de bienvenida y casa de dos plantas muy acogedora.

Pero antes de llegar, debíamos hacer nuestras dos visitas turísticas, sin escatimar en kms. La primera el ascenso en telecabina al Glaciar Aletch. Espectacular lengua de hielo que desciende desde las posiciones del Jungfrau, Eiger y Monch. Tres cimas míticas que podíamos divisar desde nuestra localización. Unas fotos, un par de cervezas y un breve descanso disfrutando de las primeras vistas que nos ofrecían estas montañas helvéticas.

El precio de subida no es barato, como todo en este país, por 90CHF los dos pases de subida y bajada desde la localidad de Friesch hasta el Eggishorn.

Continuaríamos nuestro viaje hacia el este, aguas arriba del Ródano que vertebra todo este espectacular valle de Valais. El viaje en sí ya merece la pena a pesar de las horas que llevamos de traslado. Un valle que se va encajonado por momentos hasta llegar a Gletch, desde donde sale el desvío al Grimselpass que en esta ocasión obviaremos en busca del Furkapass.

Allí antes de hacer cima, en una de sus múltiples recurvas encotraremos el acceso al glaciar del Ródano. Un tiket de 7CHF por persona te permite entrar a una cueva excavada literalmente en el glaciar. La sensación es espectacular la de sentirte dentro de una cueva de hielo con millones de años. Para acceder a ella, tendremos un corto paseo de poco menos de un km donde también disfrutaremos de las vistas de la cascada y el lago del Ródano.

Durante esta visita, el tiempo que llevaba un tiempo amenazando, terminó por cumplir sus expectativas y comenzó a diluviar. Tiempo que aprovechamos para llegar al lugar de nuestra residencia para los próximos días y recibir una calurosa bienvenida ya casi a las 21:00 de la noche y disfrutar de nuestro merecido descanso.

La mañana siguiente tocaba madrugar. Las nubes suelen ir apareciendo a medida que avanza el día y teníamos que aprovechar la estabilidad atmosférica para poder divisar el objetivo principal del viaje al país de las montañas. El monte Cervino (o Matterhorn).

Así pues a las 7:00 estábamos cogiendo el coche destino Tasch, algo menos de una hora nos llevó el viaje para aparcar en la estación y tomar el tren que nos llevase hasta Zermatt, ciudad libre de coches de combustión. En Tasch aprovechamos a desayunar mientras llegaba el tren.

En menos de media hora se realiza el recorrido Tasch-Zermatt. Una vez en la localidad del Materhorn, todo aquello parece un escenario de película. Casas de madera, todo en perfecto estado, calles limpias, aire fresco... y el afamado pico Cervino sobre los tejados.

A tan solo 50m se encuentra la estación del tren-cremallera que asciende hasta Gornergratt. Primer tren de estas características que se construyó en Europa. Precio caro para ascender hasta este punto donde divisaremos el glaciar Gorner y el Monte Rosa (el más alto de Suiza)

En su trayecto, cámara preparada para fotografiar y disfrutar de la silueta limpia de nubes del Cervino.

Desde arriba la opción era la de descender dos de la cinco estaciones. 4km en descenso que nos permitirá disfrutar de los prados y del lago más fotografiado del mundo, el Riffelsee que refleja sus aguas el monte Cervino.

Pero antes de iniciar la marcha, el sol reflejaba sus radios ante el imponente macizo del Monte Rosa con sus glaciar a los pies. Unos momento de relajación divisando este paraíso natural.

Desde Gornergrat descendemos durante un paseo de poco más de una hora hasta Riffelberg, previo paso por la estación de Rotenboden, donde se encuentra el afamado lago. La sensación de pasear por estos prados te llena de felicidad. El tiempo atmosférico acompañaba en estas primeras horas, las vistas eran espectaculares, el momento único.

Tras el bucólico paseo, cogimos el tren el la estación de Riffelberg para ya descender de nuevo hasta Zermatt. Se puede bajar andando hasta la ciudad, pero queríamos visitar otra zona dentro de este valle.

Ya abajo, un pequeño paseo por la ciudad nos permite conocer la realidad en la que nos encontramos. La estación de funicular que nos ascendería hasta Sunnega y después en telecabina a Blauherd, se encuentra al otro lado del cauce del río.

Ahora tocaba realizar la ruta de los Cinco Lagos. 9km de descenso (el ultimo es en ascenso) que nos levará unas tres horas. Para ello iniciaremos la ruta en la estación de Blauherd e iremos descendiendo pasando por cada uno de los cinco lagos hasta llegar a la estación de Sunnega que nos devolverá, vía funicular a la estación de Zermatt.

Una ruta que merece la pena realizar por la siempre presente silueta del Cervino, la preciosidad de sus lagos, sobre todo los más altos. Y los senderos que surcan los prados. La morrena central que parece descontextualizada.

Hay varios caminos para unirlos pero todos rondan los 9 km.

Una vez de nuevo en Sunnega, es obligatorio tomarse una cerveza en la espectacular terraza con vistas al valle.

 De nuevo en Zermatt solo queda coger el tren de camino a Tasch, retirar el coche y pasar por un Coop, los supermercados más habituales y comprar la cena para la noche.

Todas las gestiones de precios de trasnporte para este valle de Zermatt lo realizamos desde esta página web. Donde puedes consultar todos los precios. De manera orientativa, por persona, todos el día usando el transporte que indico en el día de hoy, salió por unos 110€.

La tarde de relax en nuestra casita de Raron disfrutando del vino y las bonitas vistas a su iglesia.

El tercer día sería más de visitar ciudades, así que había que ponerse guapos y quitarse la ropa de montaña. Eso sí, el coche lo íbamos a sacar muy buen partido.

Las visitas a las ciudades serían casi exprés. Con pequeños paseos para ver las calles y monumentos más importantes, sin deternernos en museos y demás.

Así pues visitamos Sión, donde buscamos una calle concreta para localizar la perspectiva de su castillo y su abadia.

El afamado Castillo de Chillón, situado en el lado este del lago Leman, cerquita de Montreaux, sin entrar en el.
Ascendimos a Sonchaux, un pequeño albergue en lo alto de una loma que permitía unas increíbles vistas del lago Leman, un café allí arriba bien merece pagar 5€
Descenso hasta Montreaux para coger destino Gruyeres, afamado por su queso de agujeros y su castillo.

Y desde Gruyeres, dirección a Friburgo. Ciudad medieval con cantidad de puentes que merece la pena un paseo más detenido.
Y de Friburgo a la capital Berna, con sus torre del reloj y sus edificios carismáticos. Otro pausado paseo con parada a comer en esta bella ciudad que tiene un bonito parque con perfecta vistas sobre el casco.
De camino a la zona de lagos llegamos a Thun y a un cercano castillo que parece sacado de las películas. Es el castillo de Oberhofen, en su orilla norte
Y por último, un tranquilo descanso en la isla de Thun, junto a sus campos de fútbol. Un rincón lejos de los turistas, donde pasan los días de descanso los ciudadanos de esta lcoalidad.
Solo quedaba volver a Raron, pero aún no habíamos terminado de vivir todas las exerencias de hoy puesto que aun quedaba atravesar la montaña subido a un vagón de tren que conectaba el norte con el sur Kandersteg-Goppensteing.

El cuarto día, tocaba traslado a la ciudad de Lucerna. El paso hacia la zona de los lagos lo hicimos por el Grimselpass hasta llegar a Interkirchen donde teníamos la posibilidad de disfrutar del Aareschlut, un cañón estrecho del río Aare, o incluso subir al puente tibetano más largo de Europa en Gadmen para divisar el graciar Trift. Pero decicimos ir al Valle de Lauterbrunnen.

Un espectacular valle glaciar en forma de U que deja boquiabiertos a todo el que ose adentrarse en el. El valle de las 72 cascadas, como también es conocido. Opciones aquí mil. Desde visitar Murren con sus epectaculares vistas a Jungfrau, Monch y Eiger. Hasta visitar Grindelwald para obtener otra bella perspectiva de estas icónicas montañas.

Nosotros decidimos subir a Wengen en tren por un económico precio para disfrutar de las vistas que nos regalaba este bonito y peculiar valle. Era el viaje más corto de las opciones que disponíamos sobre la mesa. Pero debíamos tener en cuenta que era día de traslado y no nos podíamos entretener.

La bajada desde Wengen hasta Laterbrunen son tan solo 4 km de pronunciado desnivel pero que va regalando unas preciosas vistas.
Antes de la bajada, de nuevo entramos en un Coop para comprar comida y disfrutarla bajo la sombra de un arbol sobre un tupido cesped con las vistas hacia el valle...

Una vez abajo en Lauterbrunnen de nuevo, decidimos recorrer el valle hasta el final para ir divisando cada una de las cascadas que van apareciendo a uno y otro lado de las blancas paredes verticales. Incluso la propia cascada del mismo pueblo que puede acceder pot unas escaleras para pasar bajo ella.

Pero lo que no nos podíamos pasar era las Trummelbach o cascadas del deshielo de los graciares de las tres gigantes montañas antes mecionadas.

Impresionante la cantidad de agua por segundo que se vierte entre unos túneles que se han adaptado para observar este prodigio de la naturaleza. 12CHF por persona. Ojo por que os mojaréis.

Visto el valle, solo quedaba seguir nuestro rumbo hacia Lucerna, disfrutando del viaje en si. Pero con ganas de descansar en el nuevo lugar de residencia para los dos últimos días.

Tras la acomodación. Un paseo tranquilo por el centro para cenar y vuelta al hotel-seminario.

El día siguiente tocaba la visita a la señorial Zurich y a las Cataratas del Rhin. En el primero un paseo mañanero observando sus prohibitivos precios pero disfrutando de una ciudad señorial. Sus calles estrechas su rio y su Lindenhof desde el que se divisa el centro de la ciudad. Escaparates con chocolates Lindt, el primero en conseguir el chocolate sólido.

La salida de Zuricho fue caotica y tardamos mucho en llegar a Neuhausen para disfrutar de las cascadas del Rhin. Un salto del caudaloso río  de apenas 20 metros y mas de 100 de anchura que esta plagado de turistas y que bien poco nos gustó. Pero nunca se acierta y allí que estuvimos para almenos poder opinar sobre este lugar casi metido en la frontera alemana.
La vuelta a Lucerna fue mucho más rápida, lo que nos permitio tener nuestra siesta española para disfrutar de un paso en la tarde noche disfrutando de un delicioso healdo mientras callejeabamos por la bonita ciudad de Lucerna, subir a sus murallas y recorrer el rio para tomar una cerveza en alguno de las terrazas con vistas al cauce de agua. Una bonita y relajante manera de terminar nuestra andadura por el pais de las montalana.


A la mañana siguiente un viaje de algo más de tres horas pasando por el kilométrico tunel de San Gotardo nos llevaría de nuevo a aeropuerto de Milán para devolver el coche de alquiler y tomar rumnbo al país de la playa. Croacia. más concretamente Dubrovnik.

A las 17:00 horas estábamos en suelo croata. Una ineficiente empresa de renting nos hace perder un tiempo valioso para visitar la Ciudad de Dubrovnik la cual es imposible y nada recomendable hacerlo en coche. Tras dos horas conseguimos aparcar para entrar en la preciosa ciudad que bien ganada tiene su fama. Una mezcla de Toledo, Ávila y Conil.

Con diligencia nos apresuramos a visitar sus 2km de muralla que bien merece la pena. Los tejados el sol cayendo, y el mar de fondo. Toda una preciosidad. Pero la humedad y el calor agobiarian en demasia.

Era momento de buscar el hotel, darnos una ducha y pasear por las calles abarrotadas en esta época del año. Una cena en la terraza junto a la esclinata y otro paseo más para buscar una terraza extramuros cara a mar.

Otro relajante paseo en busqueda del puerto y el cuerpo no daba para más.

Al dia siguiente tocaba visitar el Parque Natural de Kraka previo paso por alguna playa de aguas cristalinas.

El paseo por el parque es muy interesante a penas llega a los 4 km y puedes ver lagos que forma el rio e incluso está permitido el baño en uno de ellos.
El acceso a ellos es en un bus que apenas tarde 5 minutos en dejarte en las puertas de estemonumento natural. Accesible para niños y mayores donde en menos de una hora podemos ver la totalidad de sus cascadas.

La vuelta a Split en coche nos dejaría a media tarde donde visitariamos su playa de Kasjuni al oeste antes de llegar al hostal donde el trato fue muy amable. Un paseo hacia el centro donde cenamos de maravilla y poder recorrer las calles que nos recordaban a Dubrovnik.

 Un nucleo urbano con mucho encanto dio paso al paseo marítimo donde nos relajamos tomando unos refrescantes mojitos.

A la mañana siguiente no esperaba el ferry para desplazarnos hasta la isla de Hvar. Un buen madrugón bien mereció la pena para disfrutar de las vistas de Split como se alejaban ante nuestros ojos mientras surcábamos las aguas del Adriático. Poco más tarde de una hora llegamos al puerto de Stari Grad y de ahí con nuestro flamante Fabia llegamos a la capital de la isla, Hvar.

La llegada no fue muy satisfactoria puesto que perdimos la excursión contratada, sin embargo tras varias gestiones conseguimos alquilar una barquita sin motor para pasar el día en el mar.

Y ahi que nos vimos de capitanes por la pequeñas islas que se sitúan frente a la ciudad de Hvar. Casi 20 km recorriendo islitas y parando a comer en calas.

También echando el ancla y disfrutando de una buenas cervezas en algunos de los chiringuitos repartidos por esta bonita costa.

Al atardecer, dejamos la barca para ir en busca de nuestra residencia de hoy donde nos trataron con una atención exquisita.

Solo quedaba el paseo por las calles de Hvar que nos recordaban a Split y Dubrovnik. Tan bellas de día como de noche. La cena, los mojitos, y las copas en una discoteca a la que había que ir en barco.

En definitiva un final de fiesta por todo lo alto, aunque aún nos quedaba un pequeño apéndice.

El día de vuelta, recorrimos toda la isla de Hvar para coger el ferry en su lado sur y volver a tierra firme. Cruzar la frontera bosnia sin problemas y disfrutar de la playa de los croatas, lejos de la playa turista. La cual nos costo encontrar, y una buena sudada llegar a ella. Pero mereció la pena, abajo comimos en uno de sus chiringuitos con bellas vistas a la ciudad. Perfecto para un fin de viaje perfecto. Aunque el vuelo se retrasese dos horas.

Destinos de Suiza - Destino de Croacia




lunes, 4 de septiembre de 2017

Playa de Granada/Motril - Mulhacen/Refugio de La Caldera (0 -> 3000)

Hace años, navegando por internet mientras buscaba nuevos retos para realizar con la bicicleta, me topé con la web Vértices Geodésicos, donde describían su ascenso a la cumbre más alta de la península desde el nivel del mar.

Alcanzar los 3.478 m del Mulhacén desde los 0 m del nivel del mar era una "machada" de grandes magnitudes, de esas que motivan solo con nombrarlas; pero también de esas que merecen respeto con tan solo intuirlas.

80km era la distancia que separaban ambos puntos. 80km de ascenso tendido, continuo, liviano... 80 km sin rampas duras. Pero... 80 km.

La dificultad pues, recaía más en la fortaleza mental que en la física. En la cantidad de horas sobre la bici, en la batalla psicológica contra uno mismo. Pero todo un gran reto para cualquier ciclista que se precie.

El año anterior ya habíamos realizado un gran test para este objetivo. La subida al pico Veleta desde Granada, vía Hotel del Duque, acumulaba unos 3000 m de desnivel en 100km (45 de ellos de ascenso) y con techo en casi 3.200m. Unos números muy similares al objetivo que nos proponíamos del Mulhacén.

Así pues, comenzamos a recabar toda la info que disponíamos por internet para realizar nuestra empresa. De todos los datos obtenidos, solo uno nos dio un pequeño traspié. Y es que, existía la prohibición del ascenso del último tramo al Mulhacén en bicicleta.

Prohibición absurda que no llegaré nunca a comprender su razón. ¿Erosión del terreno? ¿Contaminación? ¿Ruidos?... Podría ser; pero considero que más erosión, contaminación y ruidos realiza el autobús lanzadera con motor de combustión que deja a los senderistas casi en la cota 3.000.

Dicho esto la ruta estaba organizada y arriba decidiríamos si transgredir las normas o no. ¿Opciones? Tres:

- Ser legales y llegar hasta el punto más próximo del Mulhacén en bici, es decir, llegar al Refugio de la Caldera (3.100m).
- Ser legales y una vez llegados al refugio de La Caldera, ponernos unas zapatillas (transportadas en nuestra espalada durante el ascenso) y subir los 300m de desnivel en 1,5 km hasta la cima, dejando las bicis abajo.
- Ser ilegales, hacer caso omiso a la prohibición y tomar el camino que asciende desde el Alto del Chorrillo hacia el Mulhacén (7km y 700m de desnivel) por su vertiente este.

Dicho esto, Alberto puso su incondicional compañía, Pedro su experiencia y Yoli, Afri, Asier, Unai e Irache su apoyo emocional y logístico.

El mismo día del patrón torrijeño San Gil, a las 7:30 de la mañana desde la Playa de Granada, Motril, comenzaba la aventura.


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Los primeros 18km bien sirvieron de cómodo calentamiento por la N-323 siguiendo el cauce del río Guadalfeo.

Poco después de cruzar junto a Vélez de Benaudalla, cogemos el desvío hacia la A-346 que nos dirige hacia La Alpujarra. Es este un tramo de unos 13 km que faldea la sierra de Lújar recortada por el embalse de Rules que retiene las aguas del Guadalfeo. Sus intermitentes sube y baja ponen a tono nuestras piernas y nos hace pensar que a la vuelta, en sentido contrario, podrían hacernos daño después de el cansancio acumulado.

Tras hora y media de camino, cruzamos el puente de los Siete Ojos sobre el Guadalfeo (301msnm), que establece el ascenso ya oficial hasta nuestro objetivo final. Hasta aquí han sido 31 km y 450 m de desnivel.

A partir de ahora nos adentramos en la bella comarca de La Alpujarra. Órgiva nos da la tarjeta de bienvenida y en ascenso continuo transitamos por los desvíos de Cánar, Bayacas, Carataunas y Esportújar.

En la Ermita del Padre Eterno, a los 43 km de recorrido, justo en la entrada al Barranco Poqueira, la carretera nos da un respiro de unos tres kilómetros de llaneo hasta cruzar con el puente sobre el río Poqueira.

Las vistas de los tres pueblos colgados sobre el barranco Poqueira es de postal. Pampaneira, Bubión y Capileira se muestran orgullosos de sus encaladas fachadas sobre el verde que bordea sus siluetas.

Podemos detenernos a observarlos porque será el último momento de descanso que nos dará el trazado hasta hacer cumbre. Desde este paso por el río Poqueira hasta la cima, nos separan 33km y algo más de 2000 metros de desnivel sin tregua alguna a una media del 6%

El paso por la localidad de Pampaneira bien merece una breve parada para reponer aguas en su fuente natural. Poco después en el desvío de Trévelez, tomamos dirección Capileira que será el último reducto urbano antes de batirnos en soledad con la auténtica montaña.

En Capileira hacemos nuestro avituallamiento oficial, donde durante una hora paramos para reponer energías mentales y físicas gracias a Yoli, Afri, Asier, Unai e Irache que con su presencia nos hacen evadirnos de nuestra batalla ciclista mientras recuperamos energías.

Hasta este punto llevamos 55km de ruta y 1600m de desnivel en 4 horas de recorrido (11:30). En adelante nos quedarían 25km y otros 1600m de desnivel que realizaríamos en otras 4 horas de recorrido.

Siguiendo el recorrido, el asfalto pronto desaparece, un par de kms antes de adentrarnos en territorio de Parque Nacional. La pista serpentea por la ladera hasta en 10 ocasiones para llegar a la cota 2.000 justo donde se halla la barrera en el Área Recreativa Hoya del Portillo (km65 de ruta) que impide el paso motorizado de vehículos particulares.

La ancha pista permite el fácil acceso de vehículos. Y el pinar que lo bordea se agradece por la sombra que genera a ciclistas y senderistas.

4km más adelante de la barrera el pinar desaparece, dejando la ruta completamente expuesta a las inclemencias atmosféricas que en nuestra ocasión fueron benévolas (al menos durante el ascenso). El contacto visual con el objetivo en torno al km 69 nos da un plus de energía y motivación. Justo la misma que la falta de oxígeno nos comienza a reducir. Estamos hablando de la cota 2300 donde comienza a hacerse efectivo la falta de oxígeno.

Una parada técnica era necesaria a falta de 10 km para la cima. Los pulmones tenían que adaptarse a la nueva situación y las piernas pedían una breve relajación. Quedaba poco para llegar a punto donde tomar la decisión de las tres opciones finales.

En el alto del Chorrillo sale a la izquierda el desvío al Refugio Poqueira, pero también sale a la derecha el camino que asciende hasta lo alto del Mulhacén (con el cartel de prohibición de bicicletas). Es también el lugar hasta el que llega el polémico autobús lanzadera del Parque Nacional.

La pista continúa de frente, bordeando la ladera oeste del Mulhacen hasta el refugio de la Caldera en busca del afamado Pico Veleta.

- "No tengo ganas de discutir con las autoridades"- susurró Alberto.
- "Ni yo de hacer lo propio con el Mulhacén"- pensé interiormente.

La decisión estaba tomada. Llegaríamos al refugio de la Caldera. Pero es aquí, en este punto, a los 74 km de ruta y casi 2600 m de altitud, donde la pista se torna en camino. Camino roto, con lascas de piedra que hacen la conducción más técnica. Donde la cabeza comienza a hacerse importante a la hora de tomar decisiones en trazados. Justo cuando el oxígeno falta, justo cuando las piernas están exhaustas. Justo cuando el momento se vuelve épico. Justo cuando todo toma sentido.

Dureza y diversión. 4 km hasta la caldera que parecen no llegar nunca, donde el camino se torna infinito encaramadose a la ladera del coloso Mulhacen. Cuando las nubes comienzan a amenazar con su presencia. Cuando las dudas embriagan la cabeza. Cuando se aproxima la cota 3000. Cuando todo se reduce a tan solo un km...

- ¿Hasta allí?
- Sí, hasta ahí, tú decides.
- ¡Vamos!

El refugio vivac de La Caldera nos recibía con los brazos abiertos. Las nubes ya cubrían lo alto del Mulhacen y desde allí solo nos separaba 1,5 km y 300m de desnivel. Imposibles para las bicis, incluso empujandolas. Nos servía como reto conseguido. Nos dábamos por satisfechos.

Eran las 16:30, nueve horas más tarde del inicio de la ruta, 79 km de ascenso y 3200 m de desnivel acumulado. Un breve descanso, un pequeño sandwich, la bandera de Torrijos en homenaje a San Gil y vuelta por el mismo camino.

Tocaba ahora disfrutar, pero con precaución. Las nubes habían cumplido su amenaza echándose sobre la montaña. La velocidad debía ser reducida por la nula visibilidad.

Los 5 primeros kms con especial antención a lo irregular del terreno, el resto, desde el Alto del Chorrillo una perfecta pista que mejoraba tras el paso de la barrera.

Disfrutando llegamos a Capileira, donde Pedro nos esperaba con un café para recuperar la temperatura de la húmeda bajada entre las nubes.

La carretera hasta el puente de los Siete Ojos es en descenso completo (excepto el llaneo de tres kms)

Quedaba ahora esos 13 km de "sube y baja" hasta la presa del embalse de Rule que harían pupita en las piernas. Pero una vez en las proximidades de Vélez de Benaulla, el llaneo con ligero descenso permitió sacar a la locomotora el poco carbón que le quedaba para llegar de nuevo a la playa de Granada tras 12:45h (9:21 de ellas sobre la bici), 158km y 3.300 m de desnivel acumulado.